El día de difuntos, 2004

Elhecho, noviembre 2004

¿Dónde está el cementerio?  ¿Fuera o dentro?

–Mariano José de Larra

Difícil explicar la tristeza –mejor, el abatimiento–  que se siente  hoy en el campus de New York University. ¿O será una mera proyección de mi propio estado de ánimo?  Objetivamente, hace un día espléndido de otoño neoyorquino; el sol del verano que se fue y el aire del invierno que se aproxima libran una batalla sobre la piel de los transeúntes.  Frío.  Calor.  Frío. Calor.  Es el otoño.  Todo sigue igual.  No ha cambiado nada.  Todo es distinto.

Haría falta ser otro Larra para explicar bien lo que ocurre hoy dentro y fuera de los cementerios de Nueva York, dentro y fuera de los ánimos de la mitad del país que ayer enterró a la otra mitad.  Aquí yace media América; murió de la otra media.

Ayer el odio a una minoría –los homosexuales—tuvo más poder de convocatoria que el odio a la mentira y al uso del miedo como instrumento político.   Aquí yacen la tolerancia y la racionalidad.

Ayer más de la mitad de mis compatriotas dio por buena y por necesaria el acta de defunción de unos cien mil civiles iraquíes y de más de mil jóvenes estadounidenses.  Firmó la sentencia de muerte de quién sabe cuántos miles más.  Aquí yace la paz.

Hasta ayer por lo menos podíamos vivir con la ilusión de que no  éramos del todo cómplices del crimen.  En primer lugar, el presidente era presidente gracias a una elecciones de legitimidad dudosa.  Y aunque aceptáramos la legitimidad de la elección del presidente, podríamos consolarnos pensando que sus acciones más cuestionables las había emprendido no como parte premeditada de una plataforma electoral, sino como reacciones más o menos improvisadas a una catástrofe imprevista en las últimas elecciones: el 11 de septiembre.  Nos aseguraban los amigos europeos:  “no es anti-americanismo, es anti-bushismo.”  Pero ya se nos ha quitado esa coartada también.  Es el mesiánico sembrador de la democracia, el inspirado artífice de nuevas naciones al otro extremo del planeta el Bush que ha ganado unas elecciones aparentemente legítimas, con la guerra infinita y la homofobia como bases de su programa electoral.  La complicidad de todos es ahora inevitable.  Aquí yace la esperanza.

En Washington  Square Park –parque construido en los 1820 encima de una antigua fosa común– los niños hoy se ríen, corriendo tras las hojas secas arrastradas por el aire; y las ardillas siguen trajinando,  almacenando nerviosamente sus nueces y bellotas.  ¿Presentirán que va a ser un invierno muy largo?

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